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Dentro de cien años, todos calvos. O, quizá
no. A la carrera científica para lograr
tratamientos que nos permitan cumplir cien años
en buena forma, se suman los avances en genética
y dermatología para combatir la alopecia.
El último paso, lo acaba de dar un grupo
de investigadores de la Universidad de Columbia,
en Estados Unidos.
En la revista «Nature» cuentan el
descubrimiento de un nuevo gen que participa en
el crecimiento del cabello. Una mutación
o variación en ese gen provoca que el pelo
adelgace y se caiga, como ocurre en la calvicie
androgenética, la forma más común
de alopecia.
Este hallazgo se suma al puñado de genes
que ya se habían relacionado con la caída
del cabello.
El nuevo gen, llamado APCDD1, se ha podido identificar
al estudiar a familias de Pakistán e Italia
aquejadas con hipotricosis, un trastorno hereditario
que provoca la pérdida de pelo desde la
infancia. La enfermedad provoca un proceso llamado
miniaturización por el que el cabello más
fuerte empieza a ser reemplazado por una pelusilla
de cabellos finos y débiles. Quien padece
la enfermedad sufre este proceso desde la niñez.
Las personas sanas, sobre todo varones, que pierden
su pelo en la edad adulta sufren en su cabeza
esa misma transformación.
En el cromosoma 18
La alopecia androgénica, la más
común, comparte con la hipotricosis el
mismo proceso fisiológico. Sin embargo,
ese único gen «no explica la complejidad
de la calvicie masculina», reconoce Angela
M. Christiano, profesora de Dermatología
de la Universidad de Columbia y una de las responsables
de la investigación.
El nuevo gen hallado se localiza en una región
específica del cromosoma 18, donde otros
estudios previos habían relacionado otras
formas de pérdida de pelo, incluida la
alopecia areata y la androgénica. La investigación
también confirma otros hallazgos realizados
en ratones, lo que de alguna manera avala que
el comportamiento entre ambas especie podría
ser similar.
Toda esta información permitirá
en el futuro desarrollar nuevos fármacos
para tratar la pérdida de cabello y desarrollar
test genéticos más completos que
ayuden a predecir el riesgo de caída. Pero
no bastará con conocer todos los genes
implicados, asegura Eduardo López Bran,
jefe del Servicio de Dermatología del Hospital
Clínico de Madrid. «Necesitamos también
conocer las proteínas implicadas. La proteómica
aporta información más precisa»,
explicó.
En el Clínico trabajan en esa línea.
Una investigación intenta determinar alteraciones
proteómicas en dos enfermedades de la piel
muy comunes: la psoriasis y la alopecia.
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